Sintomatología:
Las hojas presentan
manchas que predominan en la cara inferior, irregularmente ovales, primero oscuras,
luego se cubren de una eflorescencia de color verde oliváceo. La cara superior
también puede estar manchada. Los pecíolos también se manchan y terminan por oscurecerse.
Lo mismo sucede con los brotes y ramitas de un año que toman el aspecto de haber
sido quemados. La fase más peligrosa se inicia con el ataque a las flores, especialmente
en la base de los pedúnculos, como consecuencia de lo cual éstas caen. En los
frutos se observan las mismas manchas oscuras, aisladas, que poco después de formadas
comienzan a resquebrajarse por rotura de la epidermis, produciendo hendiduras
cada vez más profundas, hasta permitir distinguir la pulpa. Estas hendiduras toman
el aspecto de una estrella irregular. Si los frutos no caen, se produce una deformación,
por la falta de correlación en el crecimiento entre la parte sana y la enferma.
Los ataques a la fruta pueden ocurrir durante todo su desarrollo, pero después
de ponerse pintonas son resistentes.
Propagación:
Penetra directamente.
Los conidios invernan en las ramas y constituyen la principal fuente de infección
en la primavera.
Hospederos:
Especies de Pyrus
Distribución:
En
todas las regiones templadas y subtropicales donde se cultiva el peral.
Condiciones
predisponentes:
Las lluvias en el periodo de brotación. Es necesario que
exista hoja mojada por un determinado lapso para que la infección tenga lugar.
Esta característica (unida a la presión de inoculo y la temperatura media) ha
sido utilizada para pronosticar los ataques.
Control químico: